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Gracias a los antiguos romanos y griegos, no nos duchamos ni nos bañamos con agua fría. Las termas romanas o baños de agua caliente han sido la inspiración de muchos de nuestros actuales rituales de baño. De la misma forma, en oriente, el Hammam, también conocido como baño turco, ha sido también el origen de muchos de los actuales rituales de baño. El Hammam es probablemente la más antigua tradición de baño que aún sigue viva. Su popularidad es tal, que no paran sumarse fans entusiastas en cualquier rincón del mundo.

Romanos + turcos = Hammam

Cuando los otomanos ganaron Constantinopla (ahora Estambul) al todo poderoso Imperio Romano en el 1450, implantaron sus propias tradiciones de baño. Pero mezclaron sus hábitos con los ya existentes de la época romana y así fue como nació un nuevo ritual de purificación y limpieza. Los turcos lo llamaban Hammam, que significaba “el difusor del calor”.

Baños romanos vs baños turcos

Los romanos creían en la centralización. Construían un gran complejo de baño donde miles de personas podían ir a bañarse y de paso se ponían al día de las últimas noticias. Básicamente era un gran espacio de socialización. Sin embargo, los otomanos, inspirados por su religión, consideraban que el ritual de purificación y baño era esencial para prepararse para su oración diaria. En lugar de un gran baño romano, preferían casas más pequeñas distribuidas alrededor de la ciudad. Por esta razón, hoy en día muchos baños turcos aún pueden encontrarse junto a las mezquitas.

Mientras que en las casas de baño romanas existía una gran piscina de agua fría donde la gente podía sumergirse completamente, los turcos consideraban que esta tradición no era demasiado higiénica y preferían asearse con cuencos que llenaban de agua no estancada. Otra diferencia importante entre los baños turcos y los romanos es que la tradición turca creía que el ritual de limpieza tenía que terminar en la sala de agua fría, para ayudar a la recuperación del cuerpo. En cambio los romanos usaban el agua fría como medio de preparación antes de bañarse.

Un refugio para las mujeres

En un principio, el Hammam era un lugar al que solo podían acceder los hombres. Las reglas fueron cambiando para permitir que las mujeres con alguna enfermedad pudieran disfrutar de un baño reparador o incluso para dejar que la gente visitara a recién nacidos, eso si, siempre y cuando no hubieran hombres presentes. Más tarde abrieron las puertas a todas las mujeres, probablemente debido a la influencia de Mahoma, que afirmaba que el calor de las aguas termales favorecía la fertilidad. En el plano social, muchas mujeres consideraban el Hammam como su refugio diario de desconexión con el hogar. De hecho, si un hombre prohibía a su esposa visitar el Hamman, la mujer podía utilizar esta razón como legítima para solicitar el divorcio. Más tarde llegó a ser accesible para todos y así se convirtió en un importante centro social para personas de todas las clases. Se convirtió en mucho más que un lugar donde poder cuidar el cuerpo. Fue el refugio espiritual para unos y el lugar de celebración de momentos importantes para otros, donde se completaba la fiesta con baño, comida y música.

El auténtico ritual

Como su predecesor romano, un típico Hammam dispone de tres salas interconectadas: el camekan, el hararet y el soğukluk. El camekan es un hall de entrada impresionante, una especie de gran vestuario cálido. Aquí es donde nos desnudaremos y donde nos darán un peştemal — un paño fino especial para cubrir el cuerpo — y también el nalin, un par de zapatillas de madera. Luego el tellak o masajista nos acompañará al hararet, una sala caliente con cúpula donde las ventanas crean un ambiente íntimo y acogedor dejando pasar una tenue luz. El tellak te invitará a estirarte boca abajo en el göbek taşı, una plataforma de mármol. Esto hará que empieces a sudar preparando tus poros para el gran ritual de purificación y limpieza. Después de unos minutos a solas, el tellak volverá para lavar y exfoliar tu cuerpo con un jabón tradicional hecho de pasta de aceitunas. Más tarde procederá a retirar las células muertas de tu piel utilizando cuencos llenos de agua limpia. Seguidamente aplicará un segundo exfoliante intensivo con una manopla rugosa llamada kese, y volverá a utilizar los cuencos para enjuagar tu piel. Por último, entrarás en el soğukluk, o sala fresca, donde podrás estirarte, hidratarte tomándote algún té o simplemente relajarte.

Hammam y tú

Si alguna vez viajas a algunos de estos países y te encuentras cerca de un Hammam, hazle un favor a tu cuerpo y pruébalo. Te sentirás relajada, renovada y tu piel recuperará su suavidad. ¿Estás planeando unas vacaciones a Marruecos o a Turquía? Pues nos encantaría conocer tu experiencia en un Hammam ¡escríbenos y nos lo cuentas! Mientras tanto, puedes crear tu propio baño de vapor personal en tu casa con nuestra colección The Ritual Of Hammam.

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