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Como seres vivos, dependemos de la luz. Nuestra fuente más preciada de luz es el sol y, sin su valiosa aportación, todos los humanos, plantas y vida animal dejarían de existir. Dependemos de él porque nos da calor, comida y agua. La luz solar influye positivamente en nuestro ritmo circadiano –el que regula el sueño y la vigilia- desencadenando reacciones hormonales que nos mantienen sanos y felices.

Con el descubrimiento del fuego, nuestros antepasados encontraron una nueva fuente de luz que se convirtió en parte fundamental de sus ceremonias, guiándoles a través de la oscuridad, literal y metafóricamente.

EL BRILLO INTERIOR

Todos tenemos una luz especial. En nuestro interior reside la luz de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Esta luz en nosotros puede tener diferentes interpretaciones. Puede ser nuestra alma o nuestro lado espiritual. Quizás el reflejo dela alegría interior o de nuestra compasión, o bien nuestra capacidad de amar y superarnos o nuestra fuerza vital. Por mencionar algunas. En cualquier caso, ¿cómo podemos celebrar y compartir esa luz con los demás y hacerla brillara ún más?

DEJA BRILLAR TU LUZ

Antes de liberar nuestra luz interior, debemos des cubrirla, conectar con ella y reavivarla. Reservar con regularidad tiempo para uno mismo -física y espiritualmente– puede ayudarnos a conseguirlo, creando espacio para cultivar esa luz.

Aquí tienes algunos consejos para hacer crecerla luz de entre las sombras cada día:

Sonríete a ti mismo. Cuando dejamos de juzgarnos a nosotros mismos para aceptar quienes somos, nuestra luz comienza a brillar con un poco más de fuerza. Una regla fundamental es estar atento a uno mismo pero sin ser demasiado autoconsciente, ya que puede despertar inseguridades y evitar que disfrutes plenamente de la vida. Intenta ser siempre tu mejor amigo.

Practica la gratitud. Tómate un momento cada noche para pensar en las cosas que te han pasado en el día o sobre las que tienes en tu vida por las que deberías dar las gracias. Enfocarse en lo positivo obra maravillas en nuestro bienestar y reaviva nuestra luz interior. Además, una manera de compartirla con los demás es mostrándoles lo agradecidos que estamos de que estén en nuestras vidas.

Practica el buen karma. Obrar bien con nosotros mismos, además de con los otros, influye en nuestras vidas. Alimentar nuestra alma nos hace sentir bien, nos saca de nuestro egocentrismo y nos ayuda a brillar un poco más. Intenta vivir con buena voluntad y disfruta de las pequeñas cosas; sé la chispa en las vidas de los que te rodean.

Decide ser feliz.  Intenta escoger la felicidad sobre el enfado o la ira –incluso aunque te parezca imposible, una locura o algo equivocado. Recuerda que no puedes cambiar a los demás, pero sí puedes cambiar tus reacciones. Permítete ser feliz y siente cómo tu luz sale a la superficie.

Elimina la negatividad de tu vida. Si estás a menudo con gente negativa alrededor, mantener la positividad puede ser un gran esfuerzo. Los amigos son aquellos que nos dan fuerza y nos transmiten alegría; los que están ahí cuando las luces se han apagado. Son los que creen en nosotros. A veces, evitar a las personas y las costumbres negativas es la solución. Transmitir nuestra propia positividad y luz, además de animar a nuestros amigos, ayuda a avivar también sus propias llamas. Hacer estos cambios te ayuda a brillar con más fuerza… y cuando veas de lo que eres capaz, ¡Te resultará difícil no compartirlo con todo el mundo!

REFLEXIONA

Una vez hayas reconocido tu propia luz, debes alimentarla. Una de las maneras de aumentar su brillo es a través del pensamiento.

La reflexión es el arte de pensar en profundidad. Es la habilidad de reflexionar sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, teniendo también en cuenta los de los demás. Llámalo meditación, ser consciente o simplemente sentarse tranquilamente. En cualquier caso, es tiempo para ti.

Reflexionar es el inicio de un largo camino para aprender a tomar buenas decisiones de manera consciente. No es sencillo, ya que nuestras vidas están repletas de distracciones electrónicas –smartphones, Facebook o Instagram, entre otras. Estos objetos y apps nos han enseñado además a buscar una recompensa rápida, a menudo visual, en lugar de la contemplación y la calma. Nos dejamos bombardear por distracciones, pensando que gestionamos varias tareas a la vez pero lo que provocan es que no estemos presentes en ese momento. Tómate tiempo para reflexionar y muy pronto verás los beneficios.

PRACTICA LA CONCENTRACIÓNINTERIOR

Este corto ejercicio puede ayudarte a que te introduzcas en el arte de la reflexión…

Relájate: Busca un lugar bonito y privado, no importa si es exterior o interior. Cierra los ojos, respira profundamente y poco a poco ve centrándote en ti.

Revive: Piensa de nuevo sobre lo ocurrido a lo largo del día. ¿Qué hiciste?, ¿a quién viste? Concéntrate en ello.

Reflexiona: Piensa sobre cómo te sientes. ¿Qué te hace feliz? ¿Qué provoca tu infelicidad? ¿Has enido algún conflicto a lo largo del día? ¿Cómo podría haber sido mejor? Confía en tu instinto, te ayudará a mejorar tu inteligencia emocional. Reservar un rato para reflexionar cada día puede ayudarnos a pensar sobre las decisiones que hemos tomado o que vamos a tomar, así como en los cambios positivos que necesitamos hacer en nuestras vidas. Puedes comenzar con un solo cambio. Tener en cuenta a la gente que te rodea y darles las gracias es una manera estupenda de comenzar. Este agradecimiento hace que se sientan apoyados y les da confianza en sí mismos, ojalá también les ayude a aportar luz a sus vidas. Así que, alimenta tu luz y compártela con los que están cerca –tal vez puedas hacer que el mundo sea un poco más brillante.

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