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Cuando te pones delante del espejo cada mañana, probablemente te pasen un montón de cosas por la cabeza: qué te pondrás hoy, las cosas que tienes que hacer o si el tráfico te hará llegar tarde. Pero quizás en ese momento, cuando te estás aplicando el maquillaje, es que estás participando en un ritual que ha existido a lo largo de miles de años.

Desde el año 10.000 AC, la gente ha sado cosméticos  -por diferentes motivos y en diferentes formas- siendo una de las características más definitorias de nuestra especie. ¿Te sorprende? Sigue leyendo y acompáñanos en un viaje a través de la historia para conocer cómo la sociedad y las actitudes de la sociedad sobre esto ha evolucionado a lo largo de los siglos.

Maquillaje egipcio para las masas
La historia del maquillaje comienza en Egipto, una época en la que el uso de los cosméticos no tenía un objetivo estético sino medicinal. El khol que los egipcios usaban el para delinear sus ojos –extraído de una combinación de almendras quemadas, plomo y óxido de cobre- era un tributo al dios Horus y a la diosa Hathor. El plomo se filtraba de una manera muy ingeniosa para evitar que fuera tóxico y protegía a quien lo usaba de las infecciones oculares que eran especialmente peligrosas en desiertos polvorientos o en las zonas pantanosas de los márgenes del Nilo. Desde el año 4.000 AC, las mujeres egipcias comenzaron a usar el maquillaje con fines estéticos, moliendo malaquita para aplicársela en los párpados como pigmento de color verde y extrayendo el color rojo machacando escarabajos de carmín para aplicárselos en los labios. Una característica importante de las costumbres egipcias del maquillaje es que, a diferencia de otros lugares y épocas, no estaban determinadas por el sexo de quién lo llevaba ni su estatus social. Egipcios de todos los estratos sociales –lo mismo hombres y mujeres- llevaban maquillaje cada día. Algo muy diferente a lo que sucedía en la antigua China, donde cada dinastía tenía su propios colores, identificando la familia a la que pertenecían. A diferencia de sus contemporáneos egipcios, las clases más bajas tenían absolutamente prohibido maquillarse con colores. Aunque, tanto chinos como japoneses usaban harina de arroz para iluminar sus facciones.

Belleza que mata
Aclarar las facciones del rostro ha sido una constante en muchas civilizaciones a lo largo de la historia, ya que se pensaba que la palidez de la piel era un signo de riqueza (la falta de exposición al sol significaba que no necesitaban trabajar en los campos ) y de salud. Irónicamente, muchas culturas han usado métodos tóxicos para conseguir este aspecto “saludable”, haciendo que enfermaran e incluso a provocarles la muerte. Los antiguos griegos se aplicaban un ungüento basado en plomo para aclarar su piel; los aristócratas en Italia usaban albayalde –también conocido como cerusa y creado con carbonato de plomo- y algunos iban tan lejos como para aplicar sanguijuelas en sus orejas para eliminar el color de sus caras. El uso prolongado de productos con plomo a menudo hacía que las piel se volviera gris – lo que no aumenta precisamente tu atractivo. Los historiadores han especulado si la muerte de Isabel I de Inglaterra por envenenamiento en sangre fue el resultado del uso constante de un pigmento tóxico para aclarar su piel siempre que aparecía en público. Mientras que aclara la piel del rostro en muchas civilizaciones del mundo, otros elementos como los primeros y rudimentarios coloretes o barras de labios provocaban opiniones diferentes sobre su uso.

Solo actores y prostitutas
En muchas sociedades, las que mujeres han usado el maquillaje para resaltar su aspecto, no estaban bien vistas. Según las palabras de Lisa Eldrige en su fascinante libro Face Paint, “si exploras el uso del maquillaje lo largo de la historia, pronto queda claro que la libertad y los derechos de las mujeres en determinadas épocas está muy relacionado con la libertad con la que pintaban sus caras.”

En la época de las cruzadas, por ejemplo, las mujeres que usaban maquillaje eran vistas como una ofensa a la cristiandad, ya que se consideraba una vanidad querer alterar la apariencia que Dios te había otorgado. En determinados periodos de la Antigua Grecia y durante todo el Renacimiento, usar cosméticos se consideraba vulgar y un intento de engaño. En las únicas circunstancias en las que se aceptaba era sobre un escenario o para cortesanas y prostitutas. Cuando el uso de colorete cayó en desgracia en la Inglaterra victoriana, las mujeres solían pellizcarse las mejillas o morderse los labios para tener un tono rosado. No fue hasta la llegada de su sucesor Eduardo VII, gracias a su esposa la Reina Alexandra de Dinamarca, quien le dio el aprobado real al maquillaje y permitió que las mujeres se volvieran a sentir cómodas usando polvos y colorete en público. En 1912, el uso de barras de labios de un rojo brillante se convirtió en un manifiesto político ya que representaba el apoyo al derecho al voto de las mujeres.

La gran pantalla, la producción en cadena y la innovación
La idea que tenemos de la cosmética en la actualidad (desde principios del siglo XX) le debe mucho a Hollywood. El término maquillaje en inglés “make up” viene de acortar el término “making up”, una fase usada en los platós de cine. En los años 30, las mujeres leían revistas que incluían temas como “los trucos de belleza de las estrellas”, tutoriales sobre cómo conseguir unos ojos como los de Bette Davies o los labios de Jean Harlow. La evolución de estos productos desde ser algo que aplicaban los maquilladores en las sillas de los estudios a ser usados por las mujeres en sus propias casas fue el resultado directo de la llegada de la fabricación en masa y la innovación.

La historia certifica que fue la marca inglesa Rimmel la que aportó la primera versión actualizada de la máscara de pestañas pero se trataba simplemente de polvo de carbón con gelatina de petróleo mezclada en una jarrita –un completo desastre cuando intentabas aplicártela. No fue hasta 1958 cuando Helena Rubinstein introdujo su Mascara-Matic, un envase del tamaño de un bolígrafo, que incluía un “cepillo” -simplemente unas ranuras hechas sobre el metal- y que podía transportarse cómodamente en un bolso.

La producción en masa también hizo que las paletas de sombras tuvieran colores variados, no un solo color mate, con lo que surgieron diferentes tendencias desde los años sutiles matices de los años 50 pasando por el “todo vale” de los 80 hasta las elaboradas composiciones de hoy. Las barras de labios, llamada “la mayor arma de seducción de una mujer” por Cocó Chanel, no se comercializó en su forma de tubo hasta los años 30. El colorete se envasaba en botes, botellas, papel o láminas unidas en un librito hasta los años 20, cuando apareció el colorete compacto.

La historia del maquillaje es un tema muy interesante y extenso. En este blog apenas hemos rascado en su superficie pero, tal vez, la próxima vez que comiences tu ritual de maquillaje por la mañana, agradezcas que tu base o los polvos que aplicas no sean tóxicos y no tengas que preocuparte lo que la sociedad piense sobre los que llevas puesto.

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