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“Karma” es la palabra en sánscrito para definir las acciones y hechos. Es un concepto budista e hinduista originario de la India que comprende la idea de causa y efecto, de acción y reacción. También implica contribuir para un mundo mejor y más bello

Creemos que las buenas obras, las buenas intenciones – hacer cosas buenas y compartirlas– siempre generan “buen karma”. La idea de contribuir a crear un mundo mejor, con más amor y amabilidad, resuena con fuerza en nosotros porque creemos que podría causar un maravilloso efecto dominó.

¿Cómo practicar el buen karma?

El karma se basa en la idea de que todo lo que nos pasa en nuestras vidas es una consecuencia de nuestras acciones anteriores; es el efecto de lo que hemos hecho, sentido o dicho anteriormente. En otras palabras, todos nuestros actos conscientes tienen un efecto, y somos los que definimos nuestra propia realidad. Cualquier cosa que hacemos, decimos o sentimos determinará nuestras vidas en el futuro. El karma se trata de hacer las cosas bien, no solo para nosotros mismos sino también para los demás y para el mundo que nos rodea. Pensemos en nuestras vidas como un jardín. Si lo cuidamos bien, si le dedicamos tiempo y esfuerzo, puede ser muy hermoso. Pero debemos ser conscientes que hay cosas en él que están fuera de nuestro control: el mal tiempo, las estaciones o incluso la gente que camina por él con unas intenciones diferentes a las nuestras. Pero nosotros somos los jardineros –decidimos cómo será nuestro jardín y cómo gestionar lo imperfecto y lo inesperado.

Crear karma: vivir con buena voluntad requiere práctica. Vivir el día a día con buenas intenciones significa cultivar la consciencia y la compasión en medio del caos. Significa prestar la atención que se merecen las personas a las que queremos, a nuestro entorno, a conectar con la naturaleza.  Significa encontrar la belleza en las pequeñas cosas; abrirse a una nueva sabiduría; a escuchar en silencio. Construir un buen karma también significa cambiar la ira, la avaricia y la negatividad por amor y bondad.

Creamos nuestro buen karma a través de…
los pensamientos adecuados;
los comentarios adecuados;
las acciones adecuadas.

En otras palabras, enfocándonos en hacer el bien. Interiorizando las buenas intenciones en nuestros pensamientos y acciones, nos llevará a hacer el bien tanto hacia nosotros mismos como a los demás.

Semillas de buena voluntad

¿Por qué no intentamos comenzar cada día con un buen proposito? Prueba con esto: cuando te despiertes, quédate un momento en la cama y piensa en el día que tienes por delante. Pregúntate qué quieres de este día y piensa cómo deberías comportarte siguiendo un buen propósito.
Ese buen propósito debe ser coherente con tus valores y ser muy específico (“Quiero dar más felicidad”), o bien puedes tener presentes algunas palabras para todo el día como “bondad”; “perdón” o “generosidad”. Este acto de consciencia por la mañana es una manera de plantar las semillas de tus buenas intenciones para el resto del día. Que consigas cumplirlas dependerá de lo que las alimentes. Lo que esperamos es que tengas tanta práctica en ello, que los buenos propósitos lleguen a formar parte de tu manera de actuar de manera natural.

tParar para pensar

En situaciones con mucho estrés e irritación – con uno mismo; con los que queremos; o con los compañeros de trabajo– merece la pena parar un momento antes de soltar lo primero que nos viene a la cabeza y preguntarnos: “¿cuál es mi intención?, ¿por qué lo hago?, ¿por qué voy a decirlo? Esto puede ayudar a reducir el estrés y volver a ser honestos con nosotros mismos y buenos con la gente que nos rodea. La manera y la velocidad en la que reaccionamos puede tener un efecto muy negativo. La meditación es una buena manera de serenar estos pensamientos.

Cuando sentimos que estamos perdiendo el control.

Preguntarnos sobre nuestras propias motivaciones puede ayudarnos a tomar algunas decisiones importantes. Por supuesto, las respuestas no siempre llegan rápidamente, pero estaremos plantando nuevas semillas. Las grandes decisiones necesitan ser maduradas, puedes necesitar semanas para reflexionar, en lugar de solo algunos momentos.
Ser consciente de nuestros propósitos también se aplica en lo físico, y una de las mejores cosas de nuestros cuerpos es que nos mandan señales muy claras cuando las cosas no marchan bien. Estrés, tensión y dolor pueden estar provocados por la ansiedad, la ira y el enfado, de manera que siempre está bien estar atentos a los efectos que las emociones y acciones tienen en la salud.
Tener un objetivo no significa conseguirlo. La intención es más bien una actitud, una motivación y es necesario que sea desde el corazón para ayudarnos a reconectar con lo que de verdad importa.
No siempre es fácil. Pero tampoco es necesario juzgarnos duramente cuando no vivimos según nuestros propósitos. Prueba una y otra vez, porque desarrollar una nueva manera de ser puede ser complicado y duro a veces, pero también puede sorprenderte maravillosamente. ¡Solo piensa en el buen karma!

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